¿Cuál sería la mayor aportación de Truman Capote? A quince años de su muerte, la pregunta resulta tentadora y desafiante. La crítica y la farándula lo convirtieron en un mito ordinario lejos del escritor poético que fue. No obstante, la historia de circunstancias que hay detrás del mito Capote merece -por lo menos- el intento de un análisis profundo.
Como punto de partida hay una premisa indispensable: Capote es un autor del Sur de los Estados Unidos. Nacido en Nueva Orleans, Truman se integra a toda esa genealogía de escritores nacidos en el sur: William Faulkner, Carlson McCullers, Katherine Ann Porter, Tennesse Williams, Patricia Hihgsmith, James Agee y la lista se vuelve interminable. Al nombrarlos se abarca no sólo un paisaje y cultura específicos, también una psicología específica: las contradicciones del sur permitieron la creación de un lenguaje y estilo propios.
Truman nace en medio de estas contradicciones. Según ha dicho, empezó a escribir para soportar el aislamiento que sentía en su infancia. Podemos imaginar a Truman contemplando desde su aislamiento ese mundo extraordinario fraguado entre la religiosidad y el misticismo del sureño ignorante rostizado bajo polvaredas ardientes. Pero sobre todo, empieza el conflicto. ¿Cómo defiende, asimila o soporta su homosexualidad un niño en medio de aquel mundo ranchero? En veladas revelaciones, el autor traza, con todo su veneno, ciertas imágenes de aquellos días:
"Odiaba la escuela, por antipatía reprobaba todas las materias, sólo porque sí. Los maestros me creyeron retrasado y recomendaron a mi familia llevarme a una escuela especial. Como buen ejemplar del Sur mi familia se indignó, así que me enviaron a una universidad para que me hicieran un examen. Los resultados decían que era un genio. Mis padres no lo podían creer, mis maestros pensaban que era un error, yo simplemente pensaba, cada vez que me veía en el espejo: pues sí chico, tú y Flaubert, tú y Wolf, tú y Dickens...".
El mejor retrato de Capote niño se encuentra en Joel Knox, personaje principal de Otras Voces, otros ámbitos, su primera novela. Joel Knox es un chico sureño pero avanzado a los que lo rodean; sensible y culto: le gusta burlarse de detalles como la mala pronunciación de una palabra, que para cualquier otro sureño pasaría inadvertido. Pero la gran cultura de Joel lo lleva también al idealismo sin límites, soñando con un contexto más propicio a su delicadeza.
Cuando por fin llega la oportunidad de dejar el pueblucho en que vive -gracias a una carta escrita supuestamente por su padre y que representará el nudo de la trama- Joel hace un viaje a otro rincón sureño aún más alejado y deprimente. En una escala a mitad del camino pide a un chofer que lo lleve. Aquel hombre se disgusta del aspecto de Joel: "no era un chico en el sentido que para él debería serlo. Era demasiado bello, de facciones muy finas y con los hombros algo caídos". El dueño de la fonda en que se hospeda Joel intercede por él: "...vamos, no seas tan rudo con él. Es un buen chico, sabe palabras que ni tú ni yo conocemos".
En casi todas las obras de Capote existe un reflejo autobiográfico: él es Holly Golightly de Desayuno en Tiffany´s, es la Miriam de su primer cuento, y está presente en los personajes de Cierra la Ultima Puerta. En todas estás narraciones se trasluce el corazón homosexual cuando se encuentra en soledad, pero también la soledad que procuran las desventajas físicas, especialmente estéticas. Se sabe que Capote recibió burlas por su baja estatura, pero también por el timbre de su voz, como de enano, que se hacía más patético cuanto afeminado.
Publicada en 1948, Otras voces, otros ámbitos, es la más poética y hermosa de sus novelas. Además la más viva crónica de su vivencia personal: hay que recordar que tenía sólo 23 años cuando la publicó; la novela cuenta con toda la intensidad adolescente y el único tema posible: la infancia.
Cuando es publicada, la novela causa revuelo por la fotografía que aparece en la contra portada: Capote en una posición que para muchos significaba provocación. Él Capote de esos años tenía lo suficiente para provocar: belleza, sensualidad en la mirada y una edad en que su cara de niño disimulaba su pequeñez. ¿Cuál habrá sido su reacción al pasar los años y ver cómo su cuerpo y su realidad se transformaban?
Al llegar a su destino, Joel busca afanosamente al presunto padre escritor de la carta. La postergación del encuentro por algo que podríamos llamar, "su tío", lo motiva a escapar. Emprende la huída con Idabel, una niña de apariencia masculina pero que al parecer está enamorada de Joel. Durante el viaje se encuentran en una feria y una de las atracciones es una enana. El entusiasmo de Idabel por esta mujer que tiene 25 años pero parece de 12 deprime a Joel. Una vez que Joel se queda solo con ella, la chica enana empieza a contar sin aspavientos la tragedia de su estatura. Su mayor desencanto es el amor: "entonces digo: están los adolescentes, pero algún día crecerán". Al decir esto, Joel siente la mano de ella sobre su torso, dirigirse a su ingle, piensa: "no quiero lastimar a nadie".
En Otras voces, otros ámbitos, Capote llena el sur gringo de una poesía abundante en elementos góticos, sin dejar de exponer su naturaleza tan repugnante como alucinante. Pero sobre todo, Capote se muestra como lo que siempre fue: un estilista. Sabía que los escritores que no se proponen el estilo no llegan mas que a "mecanógrafos; mecanógrafos sudorosos". Sin embargo, también sabía que el estilo, "cuando termina por ser, más un esfuerzo que un recurso, se vuelve un obstáculo para el escritor". Otras voces, otros ámbitos, es una lección de estilo: ahí está su mayor legado.

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